domingo, 11 de abril de 2010

TEORIA DE LAS VENTANAS ROTAS


En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Profesor Phillip Zimbardo realizó un experimento de psicología social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos idénticos abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada sitio.

Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser vandalizado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron y lo que no lo destruyeron. En cambio, el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.

Es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí, cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores rompieron un vidrio del automóvil de Palo Alto.

El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.

¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?

No se trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene que ver con la psicología humana y con las relaciones sociales. Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que vale todo. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.

En experimentos posteriores (James Q. Wilson y George Kelling) desarrollaron la "teoría de las ventanas rotas", misma que desde un punto de vista criminológico concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.

Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a alguien, entonces allí se generará el delito. Si se cometen "pequeñas faltas" (estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja) y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.

La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera vez a mediados de la década de los 80 en el metro de Nueva York, el cual se había convertido en el punto más peligroso de la ciudad. Se comenzó por combatir las pequeñas transgresiones: grafitis deteriorando el lugar, suciedad de las estaciones, ebriedad entre el público, evasiones del pago del pasaje, pequeños robos y desórdenes. Los resultados fueron evidentes. Comenzando por lo pequeño se logró hacer del metro un lugar seguro.

Posteriormente, en 1994, Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, basado en la teoría de las ventanas rotas y en la experiencia del metro, impulsó una política de "tolerancia cero".

La estrategia consistía en crear comunidades limpias y ordenadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia urbana.

El resultado práctico fue un enorme abatimiento de todos los índices criminales de la ciudad de Nueva York.

La expresión "tolerancia cero" suena a una especie de solución autoritaria y represiva, pero su concepto principal es más bien la prevención y promoción de condiciones sociales de seguridad.

No se trata de linchar al delincuente, no es tolerancia cero frente a la persona que comete el delito, sino tolerancia cero frente al delito mismo.

Se trata de crear comunidades limpias, ordenadas, respetuosas de la ley y de los códigos básicos de la convivencia social humana.

TIPOLOGÍAS DE HOMBRES VIOLENTOS CONTRA LA PAREJA


La violencia contra la pareja constituye un problema grave y creciente, al menos en el número de denuncias. Por ello, ha habido un interés por parte de los psicólogos en establecer tipos de hombres violentos para delimitar con precisión el problema y adoptar las medidas adecuadas.

Desde hace algo más de una década, el debate sobre las tipologías se ha enfocado desde dos puntos de vista. Por una parte, la clasificación de Gottman et al. (1995) propone la existencia de dos tipos de agresores: a) Tipo I: registran un descenso en su frecuencia cardiaca ante una discusión de pareja, se comportan habitualmente de forma violenta con otras personas (amigos, compañeros de trabajo, desconocidos, etc.) y suelen mostrar características antisociales y violentas, junto con dependencia al alcohol o a las drogas; y b) Tipo II: ante una discusión de pareja presentan un aumento de su frecuencia cardiaca (respuesta habitual en la mayoría de las personas), suelen mostrar características pasivo-agresivas, ira crónica y un estilo de apego inseguro, así como algunos trastornos de personalidad (especialmente, por evitación y límite). En el primer caso, se ejerce una violencia instrumental, la conducta agresiva es planificada y no suele generar sentimientos de culpa. En el segundo, por el contrario, se trata de una violencia impulsiva, caracterizada por una conducta modulada por la ira y que refleja dificultades en el control de los impulsos o en la expresión de los afectos.

Por otra parte, el grupo de Holtzworth-Munroe (1994, 2004) establece tres tipos de agresores contra la pareja:

a) Limitados al ámbito familiar, que centran su violencia en la pareja e hijos y constituyen la mayoría (entre el 35% y el 50%), con una violencia de menor frecuencia y gravedad que en los grupos restantes y sin que haya alteraciones psicopatológicas. Después de un episodio violento suelen arrepentirse y reprueban el uso de la violencia.

b) Borderline/disfóricos (o impulsivos): representan el 15%-25% de los agresores y habitualmente maltratan física, psicológica y sexualmente, con una violencia de intensidad media o alta que, generalmente, va dirigida contra su pareja y otros miembros de la familia. Asimismo, son frecuentes en ellos ciertas características tales como impulsividad, inestabilidad emocional, cambios rápidos de humor e irascibilidad que suelen encajar con el trastorno límite de la personalidad.

c) Violentos en general/antisociales (o instrumentales): suponen entre el 16% y el 25% de los agresores. Hacen un uso instrumental de la violencia física y psicológica, que se extiende más allá del ámbito familiar, para conseguir lo que desean y superar sus frustraciones. Su violencia es de mayor frecuencia e intensidad que la de los grupos anteriores. Son muy característicos el narcisismo y la manipulación psicopática y menos los problemas relacionados con el control de la ira. También es más probable que consuman abusivamente alcohol y drogas y que tengan o hayan tenido problemas legales por sus conductas antisociales.

Estudios más recientes han identificado nuevos subtipos de agresores, como por ejemplo, el antisocial de bajo nivel, o bien se han centrado en otras variables de clasificación, tales como las características psicopatológicas y de personalidad, las etapas y procesos de cambio vinculados a la motivación para el tratamiento, los problemas con el control de la ira, etc.

La identificación de tipologías de agresores, junto con el análisis de otras características intrapersonales del agresor y del contexto, permitirá diseñar el tratamiento más adecuado según las necesidades de cada caso, pudiéndose de este modo mejorar los resultados terapéuticos. Tentativamente se han dado algunas indicaciones terapéuticas en función de las diferentes tipologías:

Para los agresores cuya violencia se limita al ámbito familiar y es de baja frecuencia y gravedad, se pueden abordar estrategias para el control de la ira, así como para la modificación de las ideas distorsionadas sobre la mujer y la violencia; en otros casos, podría ser conveniente la terapia de pareja cuando la violencia sea claramente bidireccional y ambos miembros de la pareja estén de acuerdo en ello.

En agresores borderline habría que centrar la intervención, además de en las distorsiones sobre la mujer y sobre el uso de la violencia, en la regulación de la ira, los celos y la dependencia emocional. En estos casos, estaría contraindicada la terapia de pareja y habría que prestar atención al resto de psicopatología presente (estado de ánimo depresivo, TLP, consumo abusivo de alcohol y de drogas).

Para aquellos agresores con características antisociales, que ejercen una violencia de mayor gravedad y presentan abuso de alcohol o drogas, junto a problemas legales, se recomiendan tratamientos cognitivo-conductuales centrados en cambiar las contingencias de su conducta violenta e intervenciones psicosociales muy directivas, con equipos profesionales amplios y, en ocasiones, en contextos institucionales. Ciertamente este último grupo supone un gran reto para nuestra sociedad y para los profesionales, dado que es el menos receptivo a los tratamientos psicosociales y el que presenta una mayor tasa de rechazos y de abandonos del tratamiento, lo que hace más probable su reincidencia.

NO MUERAS JOVEN


El cuerpo humano está formado por órganos que trabajan de forma precisa y sincronizada y que sólo requieren de unos cuidados elementales para su buen funcionamiento.

En esta serie producida por la BBC, la doctora Alice Roberts, médico especialista y profesora de anatomía en la Universidad de Bristol (Reino Unido), desvela las funciones de los órganos y explica, con casos prácticos, lo que ocurre cuando falla alguno de ellos.

Una guía por el interior del cuerpo humano que recorre el corazón, los pulmones, los riñones, el cerebro, los ojos y la piel para mostrar cómo son cada uno de ellos y su trabajo en el organismo. La doctora Roberts detalla de forma visual y sencilla la aportación de cada órgano al conjunto del cuerpo y, además de los ejemplos que expone en su laboratorio, sale a la calle y a otros lugares públicos para conversar con la gente y comprobar lo que saben.

Los diferentes capítulos aportan información precisa sobre los órganos vitales y profundizan en el cuidado y la prevención o tratamiento de enfermedades comunes como diabetes, asma, cataratas e hipertensión, entre otras.

EL EGOISTA


¿Cuántos de los que leen esto somos egoístas? ¿Cuántos nos pasamos el día sintiéndonos el centro del mundo y pensando en nuestros sentimientos obsesivamente? Seremos egoístas? ¿Qué piensan? ¿Sólo nos escuchamos nosotros mismos?

En general, el egoísmo, del griego ego [yo] e ismo [doctrina o práctica], se define como aquella conducta consistente en poner los intereses propios en primer lugar, lo contrario al altruismo.

El egoísmo es diferente al amor propio, que es necesario y saludable, porque el egoísta no siente amor hacia su persona, sino desprecio y quiere todo para él porque se siente miserable y vacío. La diferencia entre el amor propio y el egoísmo es que mientras el primero es el sentimiento de respeto por uno mismo, que no puede ceder su propio espacio, el segundo es la pretensión de utilizar a los otros para su propio beneficio, manipulándolos como objetos.

Buda decía que si la gente no se odiara tanto a si misma, habría menos sufrimiento en el mundo, porque el odio hacia si mismo se proyecta con agresividad y violencia. El hombre egoísta está sólo y aislado, por eso trata de llenar su vida con objetos. Su personalidad puede ser depresiva con rasgos obsesivos. El egoísta se va quedando solo por elección, porque es incapaz de compartir nada.

El egoísta según Freud, o avaro, tiene un trauma en la etapa sádico anal. La fijación en esa etapa produce un modo de relación sadomasoquista y un apego desmedido por el dinero (símbolo de las heces) del cual no quiere desprenderse, por placer, recreando el mismo placer infantil que le producía la contención de las heces.

Un cuento para pensar "El Egoísta":

"-La única razón por la que vine es para contarles un cuento-, dijo el viejo al entrar a unos cuantos hombres que ocupaban una mesa en la taberna de ese oscuro pueblo perdido en las montañas. Hacía frío y aunque no era tarde, pocos se atrevían a salir por la copiosa nevada; y sólo la tenue luz de los faroles intentaba abrirse paso a través de la nieve, logrando apenas iluminar la calle. El recién llegado se acercó al fuego para calentar sus manos y se sentó frente a ellos sonriendo, mientras observaba con picardía las caras ansiosas de sus amigos que esperaban impacientes su relato. Había una vez un hombre muy egoísta que vivía en un pequeño pueblo. Se mantenía con una renta heredada y pasaba todos los días del año encerrado en su casa. En eso consistía la vida para él, en una continua sucesión de días con sus noches, durante la mayoría de las cuales le resultaba muy difícil conciliar el sueño. Le complacía contar su dinero a diario como un ritual, para guardarlo luego en una antigua caja con candado. Un día, se desató en esa región una gran tormenta que duró varios días. Grandes inundaciones asolaban esa comarca y mucha gente estaba en peligro de morir ahogada sin la posibilidad de que nadie la socorriera. Los servicios de salvamento resultaban insuficientes y la ayuda que podían brindar era escasa. El hombre egoísta, que vivía en la parte alta del pueblo, se pasaba largas horas mirando caer la lluvia a través del vidrio de una pequeña ventana, indiferente a los padecimientos de sus vecinos, mientras pensaba interiormente qué suerte tenía de vivir en ese lugar tan alto mientras otros infelices se estaban ahogando. Su egoísmo no consideraba la posibilidad de prestar ayuda y aplacaba su conciencia pensando que era muy difícil que alguien viniera a salvarlo a él si estuviera en peligro. Pero esa noche tuvo un sueño. Soñó que su casa había sido alcanzada por la correntiada y que él estaba a punto de hundirse en el agua. Había creído hasta ese momento que estaba preparado para enfrentar a la muerte, sin embargo en su sueño comenzó a gritar desesperadamente pidiendo ayuda. Se despertó gritando todavía, con la desesperación propia del que sabe que nadie lo oye ni acude para salvarlo. La lluvia había cesado y sólo se escuchaba el silencio, porque hasta los pájaros habían huido hacia otra parte. Se puso las botas y su gruesa capa de abrigo, y se presentó en la parroquia, donde se estaba organizando una campaña de ayuda a los damnificados".

¿Hasta qué punto no actuamos como el egoísta del cuento? sólo actuamos cuando creemos que quizá nos pase a nosotros lo mismo. Mientras tanto nos quedamos quietos y solo nos interesa nuestro mal. ¿Y el de los demás? Quizás si aprendemos a no ser egoístas mejoraríamos mucho. El egoísmo suele verse más como un fenómeno del lado de los antivalores que del trastorno.

Decimos que el egoísta es indoloro, mezquino o miserable, pero nunca lo vemos como una posible patología; ¿acaso la gula no ha sido elevada (¿o devaluada?) al rango de "trastorno de la conducta alimentaría"?

Desde mi punto de vista, hay que considerarlo como una enfermedad del yo acaparador. Además de un acto de mala educación, es un atentado a los derechos humanos, una violación del principio de la reciprocidad, una conducta depredadora, o si quiere, un patrón antisocial.

A veces la avidez es tan arraigada, es tan visceral, tan destructiva, que para modificarla se requiere la intervención psicológica o psiquiátrica. No disculpo a los egoístas, sino afirmo que están aquejados de una enfermedad perversa. Un hombre violador o golpeador, además de recibir sanción moral, debe ser atendido clínicamente.

En un conocido diccionario, Egoísmo se define como; "Inmoderado y excesivo amor que uno tiene por si mismo y que le hace tender desmedidamente a su propio interés", sufre de egocentrismo: "Soy el centro del universo". El egocéntrico, inevitablemente, desconoce a todo interlocutor y destruye toda posibilidad de relación: "Sólo yo existo". El inmoderado y excesivo amor por si mismo hace referencia de la egolatría, lo que se conoce como mecanismo o culto al ego. El Ególatra desconoce la empatía. No posee la capacidad de amar porque el amor propio le demanda todo su potencial afectivo.

Siguiendo las premisas de la ética de la consideración, la asertividad bien entendida trata de equilibrar el yo autónomo (independiente) con el yo considerado (interpersonal). La combinación de ambos me permite comprometerme con la red social/afectiva a la cual pertenezco y sostener al mismo tiempo un territorio de reserva personal. Laín Entralgo se refiere al momento coafectivo de la relación interpersonal, determinado por dos aspectos afectivos fundamentales, sin los cuales no puede existir ninguna relación: (a) la compasión (padecer íntimamente con el otro sus vivencias penosas) y (b) la congratulación (gozar íntimamente con el otro las vivencias gozosas).

¿Qué es ser egoísta?: Es renunciar a la condición humana, a lo coafectivo, es desconocer que somos prolongaciones de los demás. Aunque a los egoístas no les guste, estamos conectados unos a otros por naturaleza, intercalados, apretados, casi abrazados, de tal manera que ignorar al prójimo es negarse a si mismo. La carencia de amor, la ausencia de empatía y la indiferencia acaparadora son formas de agresión encubierta, violencia enfermiza que merece, además de repudio, ayuda profesional. De no ser así, seríamos egoístas con los egoístas: una bola de nieve de enemistad aplastante.

jueves, 7 de enero de 2010

LA CAMISA DEL HOMBRE FELIZ


Había una vez un rey cuya riqueza y poder eran tan inmensos, como eran de inmensas su tristeza y desazón.

-Daré la mitad de mi reino a quien consiga ayudarme a sanar las angustias de mis tristes noches- dijo un día.

Quizás más interesados en el dinero que podían conseguir que en la salud del Rey, los consejeros de la corte decidieron ponerse en campaña y no detenerse hasta encontrar la cura para el sufrimiento real. Desde los confines de la tierra mandaron traer a los sabios más prestigiosos y a los magos más poderosos de entonces, para ayudarles a encontrar el remedio buscado.

Pero todo fue en vano, nadie sabía cómo curar al monarca.

Una tarde, finalmente, apareció un viejo sabio que les dijo: -si encontráis en el reino un hombre completamente feliz, podréis curar al rey. Tiene que ser alguien que se sienta completamente satisfecho, que nada le falte y que tenga acceso a todo lo que necesita.

-Cuando lo halléis- siguió el anciano -pedidle su camisa y traedla a palacio. Decidle al rey que duerma una noche entera vestido sólo con esa prenda. Os aseguro que a la mañana despertará curado.

Los consejeros se abocaron de lleno y con completa dedicación a la búsqueda de un hombre feliz, aunque ya sabían que la tarea no resultaría fácil.

En efecto, el hombre que era rico, estaba enfermo; el que gozaba de buena salud, era pobre. Aquel, rico y sano, se quejaba de su mujer y ésta, de sus hijos.

Todos los entrevistados coincidían en que algo les faltaba para ser totalmente felices aunque nunca se ponían de acuerdo en aquello que les faltaba.

Finalmente, una noche, muy tarde, un mensajero llegó al palacio. Habían encontrado al hombre tan interesantemente buscado. Se trataba de un humilde campesino que vivía al norte en la zona más árida del reino. Cuando el monarca fue informado del hallazgo se llenó de alegría e inmediatamente mandó que le trajeran la camisa de aquel hombre, a cambio de la cual deberían darle al campesino cualquier cosa que pidiera.

Los envidos se presentaron a toda prisa en la casa de aquel hombre para comprarle la camisa y, si era necesario –se decían- se la quitarían por la fuerza...

El rey tardó mucho en sanar de su tristeza. De hecho su mal se agravó bastante cuando de que el hombre más feliz de su reino, quizás el único totalmente feliz, era tan pobre, tan pobre... que no tenía ni siquiera una camisa.

Leon Tolstoi

lunes, 2 de noviembre de 2009

¿QUÉ SUCEDE CON LAS ALMAS QUE LLEGAN A SU ESTADO PURO?


Un alma en evolución cuando por fin alcanza su pureza se libera uniéndose a las energías del cosmos, quizás en niveles muy superiores que ni siquiera podemos imaginar.

Pero el cuento no termina allí. Cuando se alcanza ese perfecto estado de conciencia, el tiempo pasa y pasa en una medida-tiempo inimaginable, y luego esas energías super inteligentes deciden volver a densificarse para comenzar el ciclo, experimentando con ello la ignorancia, es decir olvidan lo que son, hasta que nuevamente vuelven a develarse los secretos. Eso sucede desde la eternidad hasta la eternidad.

El universo o Dios, según como lo quiera llamar cada persona, no están apurados... Tiene todo el tiempo suficiente para experimentarse de todas las formas y nombres posibles.

Particularmente tengo la sospecha, que la Tierra ha sido parcialmente destruida una infinidad de veces junto a poblaciones y a sus respectivos habitantes.

Cuando entendemos que las energías que conforman nuestra esencia o nuestra alma en evolución son nuestra responsabilidad, ellas deben encarnar todas las veces que sean necesarias hasta alcanzar su equilibrio o su pureza y así liberarse.

Todos debemos tener muy presente que la forma en que la usemos es nuestra responsabilidad. De eso nadie se salva. Nuestras energías no las podemos dejar por ahí botadas o no podemos creer que se desparramaron por el ambiente y ya.

Eso no es Justicia Divina ni es algo inteligente ni tiene lógica.

Entonces, en el caso de tu esencia por ejemplo, cuando ya has alcanzado cierta pureza y viviendo en el mundo en que vivimos en la actualidad, imagina que a uno de los gobernantes de cualquier país del mundo se le ocurra explotar una “bomba nuclear”, y que el gobernante que supuestamente funge como el enemigo lance otra.

Puede que todas las ciudades y pueblos desaparezcan, quizás todos moriríamos por tal irresponsabilidad. Debemos recordar que lo que en realidad muere es el cuerpo. El alma en evolución no.

Al ocurrir ese supuesto fin del mundo, la Tierra con esa paciencia infinita que la caracteriza vuelve a “sanarse”. Para que esto ocurra, tendrían que pasar miles de años.

Esas almas que no lograron su equilibrio, permanecen suspendidas en los diferentes niveles de conciencia o evolución que hayan alcanzado, y estarán así hasta que tengan la oportunidad de ser atraídas para ocupar un nuevo cuerpo según ciertas situaciones necesarias para continuar.

Cuando nace un cuerpo, dicho cuerpo es como si la succionara al salir de la matriz. La succiona porque es de él, y ella, es la que le dará vida y movimiento.

Imagínate todas las almas que se encuentran esperando, suspendidas en algún lugar.

Para no ir muy lejos ni fantasear mucho, imagina esas que estuvieron en la Atlántida o en Lemurias.

Algunas de ellas, en la actualidad pueden comunicarse con los actuales pobladores. Al ser almas muy evolucionadas, muchos puede que las llamen maestros, ángeles, o a lo mejor extraterrestres.

Esas almas no han podido dar muchas explicaciones, porque nosotros no estamos en la capacidad de entender ese nivel energético en cuanto a vibración de sabiduría e inteligencia se refiere.

Ellas están esperando, con toda su paciencia, que nosotros por fin entendamos que tenemos que amarnos, respetarnos y ayudarnos mutuamente. Están esperando que por fin entendamos que somos UNO.

Su continuidad evolutiva, depende de la evolución de nosotros.

Ellas deben esperar a que las almas o esencias de sus “futuros padres”, evolucionen para poder entonces lograr su nacimiento en el cuerpo perfecto para continuar.

Adivina quiénes posiblemente son los niños cristal o los autistas o los savat.

Adivina el por qué pareciera que se ausentaran de sus cuerpos.

Como en su esencia no tienen energías densas de memorias de vidas pasadas similares a las nuestras, les cuesta un poco comunicarse con nosotros. Puede que quizás tengan memorias de otros niveles o de otras formas de vida que ellas no logran entender.

A lo mejor ya habían desarrollado otras formas de comunicación, o quizás ya habían desarrollado un sexto sentido o se comunicaban por telepatía.

Por otra parte y continuando con la forma en que evolucionan las energías, también puede ocurrir un descenso energético voluntario.

Para poder entender y encontrarle lógica, debemos comprender que la energía universal tiene un espectro y una jerarquía de pureza vibratoria que no debe declinar para no quebrantar el orden cósmico y la armonía predominante en el universo. Es esa la razón por la cual cada ser, cada organismo o ente se encuentra en el espectro vibratorio que le es afín. Es decir, la energía al vibrar en diferentes niveles lo hace según sea su grado de dispersión, así como su constitución, su estructuración, sus combinaciones, su frecuencia y su contextura. En tal sentido, sólo cuando la “Armonía Energética” o el “Deber Ser Universal” se encuentra en un grave peligro, de lógica que en alguno de los niveles más bajos, energías evolucionadas que ya han ascendido o energías que se han liberado y que vibran en otras dimensiones o esferas, descienden voluntariamente a niveles inferiores para “intervenir y/o ayudar” en el proceso evolutivo de algún planeta, o lugar en el universo que así lo necesite.

Cada esencia debería cumplir una especie de “servicio” conforme sea su nivel, y en el caso de las ya evolucionadas ese servicio es voluntario y espontáneo, así como también pueden hacerlo según puedan ser sus “necesidades evolutivas o sus anhelos superiores”. En todo caso, el mayor y más elevado servicio de toda esencia es el ser portador de la perfecta pureza universal. Este tipo de energías, cuando deciden descender al nivel en que se encuentra el planeta Tierra, por ejemplo, sólo podrán hacerlo disminuyendo el nivel vibratorio, el cual no tan sólo debe estar acorde con las vibraciones del planeta sino también con el momento evolutivo que se esté experimentando. Para ello necesitará de un cuerpo que servirá de instrumento para irradiar el Ser o la Conciencia Perfecta en forma de pensamientos, palabras y acciones. Esta perfección energética nunca podrá ser usada para imponer y menos para hostigar.

En otras palabras, una esencia liberada para que pueda descender tendrá que buscar la manera de densificar sus energías para poder atraer y ocupar un cuerpo que le permita permanecer en el lugar donde debe prestar su "servicio", de no ser así, ellas saldrían inmediatamente "expulsadas", pues su pureza energética inherente no se lo permitiría. Para ello, las debe densificar tergiversándolas leve, voluntaria y concientemente a través de algunas acciones, o a través del contacto directo con las personas que le rodean, o impregnándose de energías que se encuentran en un estado más denso.

Cuando ocurre una tergiversación energética conciente y voluntaria, ese cúmulo de energías en servicio, también tendrá que permanecer en ese lugar “naciendo y muriendo” todas las veces que sean necesarias. Luego, y en la medida en que vaya cumpliendo con su “misión salvadora”, dicha tergiversación irá, poco a poco “corrigiéndose” para dejar el cuerpo que ocupa y así poder ser liberadas nuevamente al universo o a la dimensión a la cual pertenece.

Entonces, piensa, reflexiona, imagina y discierne sobre cuál es tu tarea y la tarea de todos en el mundo, siempre recordando que la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma... Además, debes tener presente siempre que cada causa tiene su efecto y que el efecto se convierte en causa para continuar el ciclo.

Nada ocurre por casualidad, nada es fortuito y menos al azar.

PSICOLOGÍA PRENATAL


Los nueve meses de gestación constituyen una etapa crucial en la vida de cada ser humano. El tipo de relación con la madre y con el exterior determinarán las actitudes que nos acompañan toda la vida. La bella tarea de ser padres comienza con la concepción.

Hasta hace poco, los científicos suponían que la conciencia e inteligencia de los bebés eran muy limitadas. Los sistemas nerviosos del feto y del bebé parecían incompletos. Los sistemas neuronales no están desarrollados. La envoltura de mielina de las células nerviosas sólo está parcialmente formada. Los neurólogos dedujeron que el feto no era capaz de sufrir, experimentar placer, aprender, recordar o pensar. Los movimientos y expresiones del feto y del bebé eran considerados reflejos.

Pero los avances realizados a lo largo de las dos últimas décadas a través de los estudios embriológicos y fetales –utilizando la fotografía intrauterina, las imágenes ultrasónicas, el escáner con microscopio electrónico y otras tecnologías– ofrecen una nueva comprensión del mundo del ser humano aún por nacer. Decenas de experimentos demuestran que a las pocas semanas de la concepción ya posee los sentidos del oído, el tacto y el gusto bien desarrollados. Le afectan los estímulos que llegan desde el interior del cuerpo de la madre y desde el exterior. Y aun más, responde a las emociones y las expresa. Es decir, el ser humano no nacido posee vida emocinal y se comunica con la madre y con el exterior. Dentro del mundo uterino ya reímos, lloramos y se forma nuestra personalidad.

UN ENTORNO ACOGEDOR

El obstetra Rene Van de Carr señala que el desarrollo de las vías neuronales relacionadas con las habilidades intelectuales y motoras depende de las informaciones obtenidas a través de los sentidos. Por tanto, los padres tienen la posibilidad de crear, ya incluso durante el embarazo, un entorno físico y emocional que promueva la salud y el bienestar de sus hijos.

La calidad de la atmósfera psíquica y emocional que acoge al niño es decisiva. Según un estudio dirigido por la doctora Bea Bergh, el nivel de estrés de las madres durante el embarazo puede producir un impacto significativo en sus hijos: las que sufren ansiedad prolongada entre las semanas 12 y 22 de gestación tienen más probabilidades de tener hijos nerviosos o con déficit de atención. La sociedad moderna apenas muestra preocupación por esta realidad. Las madres trabajan hasta el último momento y muy pocas saben que su estado mental y anímico puede tener una influencia decisiva sobre el bienestar futuro de sus hijos.

OTRAS CULTURAS

Sin embargo, muchas culturas antiguas parecen haberlo sabido. De hecho, poseen costumbres en torno al momento del nacimiento y el cuidado del embarazo que son totalmente coherentes con los descubrimientos que está realizando la ciencia contemporánea y que se hallan a años luz de las erróneas prácticas seguidas en los hospitales modernos.

La psicóloga Ann Maiden ha estudiado cómo se prepara el recibimiento del niño en 80 culturas tradicionales. Por ejemplo, en un libro de medicina tibetana del siglo XVIII ha podido ver cómo se describen detalles de la evolución del feto a lo largo de cada semana del embarazo. En concreto, en la semana 26, el texto tibetano afirma que la conciencia del niño ya es muy clara y puede ver sus vidas pasadas, puede reconocer si fue un ser puro u ordinario y saber cómo fue su nacimiento anterior. En Bali, lo primero que hacen las mujeres al saber que están embarazadas es hablar con el dukun, el sanador del pueblo, que les ayuda a iniciar el diálogo con el niño, a fin de descubrir su identidad y su propósito en la vida. Estos dos asuntos –la identidad y el propósito– se mantienen como temas importantes a lo largo de la educación y la formación espiritual balinesas. Las mujeres aborígenes australianas consideran que su papel en el nacimiento es proporcionar un refugio temporal para un ser con su propia identidad espiritual preexistente. Por cierto, creen que el espíritu entra completamente en el feto cuando ha alcanzado una determinada etapa de desarrollo que se sitúa en torno a la décima semana de la gestación.

La psicóloga Jean Liedloff, autora de El concepto del continuum, observó que los yequana de la jungla de Venezuela hacían que los niños se sintiesen una parte valiosa de su entorno natural y social desde el mismo momento de la concepción, y que esta atención era la principal responsable de la impresionante salud psicológica, la ecuanimidad y el buen humor característicos de los nativos. Actitudes similares en torno al nacimiento se dan entre las naciones indígenas norteamericanas. El cheroki Dhyani Ywahoo afirma, en su libro Voces de nuestros ancestros: enseñanzas cherokis de la Sabiduría del Fuego, que “elegimos una familia donde nuestros talentos puedan desarrollarse para completar un ciclo de aprendizaje. Incluso cuando nos encontramos dentro de nuestras madres escuchamos y sentimos la familia que nos rodea. Dentro del útero, el niño está percibiendo las cualidades de las mentes de sus padres y responde a los pensamientos que otras personas dirigen a la madre. Por esta razón, es muy importante que las mujeres embarazadas cuenten con una red de personas que las apoyen amorosamente y que su entorno esté libre de ira en la medida de lo posible”.

NACE LA PSICOLOGÍA PRENATAL

La sociedad moderna occidental ha olvidado o se ha mantenido ajena a toda esta sabiduría. Pero una nueva disciplina, la psicología prenatal y perinatal, está llamando la atención sobre las dimensiones emocionales y mentales del ser humano durante su propia gestación y nacimiento.

A lo largo de los últimos 30 años, los psicólogos han comprobado que sus pacientes remontan los orígenes de sus actitudes vitales disfuncionales a sus experiencias negativas durante la etapa fetal o el nacimiento. En la literatura psicológica clásica se encontraban muy pocas referencias al tema, por lo que los psicólogos han debido compartir sus hallazgos sobre las experiencias psíquicas más tempranas.

A partir de Sigmund Freud, se comenzó a tomar conciencia de que las experiencias infantiles condicionaban la personalidad adulta. Este reconocimiento implicó cambios culturales revolucionarios. Los niños adquirieron el derecho a no ser traumatizados, y en vez de integrarnos ciegamente en un orden religioso o social determinado, intentamos descubrir quiénes somos y satisfacer nuestras necesidades personales.

Ahora nos encontramos ante el reto de remontar nuestra historia vital hasta el mismo momento de la concepción. El descubrimiento del mundo interior uterino profundiza la revolución del psicoanálisis y cambia la manera en que nos vemos a nosotros mismos como individuos, así como la forma en que nos relacionamos con las personas que nos rodean. La sociedad entera está concernida sobre la consideración y el trato que recibe cada ser humano desde su concepción. De hecho, estamos hablando sobre una nueva definición de la condición humana.

El desafío es descubrir las auténticas necesidades del ser humano desde el primer segundo de su verdadera existencia. Distintos autores aseguran que las necesidades fetales continúan, transformadas, durante la vida adulta, y todo lo que el ser humano construye va a encaminado a sustituirlas o compensarlas, con más o menos éxito.

De alguna manera, las emociones prenatales dominan la organización social, la vida cotidiana, los deseos y las frustraciones, la política internacional, la guerra y la paz. Cada cultura sobre la Tierra es un intento de la especie humana de recrear en el exterior el mundo uterino. El ser humano construye entornos donde le resulte posible sobrevivir. No le importa si hace calor o frío, puede vivir en el trópico o en los polos, o desplazándose de un lugar a otro, pero necesita reencontrarse con la situación uterina original. Es la causa de la creatividad humana, explica Ludwig Janus, autor de El nacimiento del alma.

El origen de la creatividad, La paternidad prenatal, El programa de Morimoto

Para el ser humano, un árbol no es sólo un árbol, sino un objeto que hace las veces de placenta, es decir, de fuente de alimentación segura. El árbol se convierte en símbolo y objeto sagrado. Todas las culturas humanas colocan en su centro un árbol, un manantial o cualquier otra cosa que pueda remitirle simbólicamente a la placenta. El latido del corazón de la madre y los sonidos que percibe el feto se transforman en música y lenguaje. La pared del útero, en la pared de la casa, la muralla de la ciudad y la frontera internacional. El cariño de la madre, en solidaridad social.

Así podríamos seguir asociando cada una de las experiencias del feto, incluidas las negativas, con comportamientos sociales: la indiferencia de los padres puede transformarse en egoísmo, y el miedo, en armas y guerras.

De los hallazgos de la psicología prenatal se deduce que los padres no sólo pueden influir de manera decisiva en el bienestar futuro de sus hijos, sino en el espíritu de la cultura, los valores y las relaciones sociales. Y pueden hacerlo a través de los actos cotidianos.

El doctor Thomas Verny, autor de La vida secreta del niño antes de nacer y de El vínculo afecto con el niño que va a nacer, fue el primero en hablar, ya en la década de 1970, de la “educación prenatal” a través de la comunicación física, emocional y mental entre la madre y el feto. Esta educación consistía en ejercicios y prácticas de relajación, armonización, visualización y comunicación pensados para cada semana del embarazo.

Muchos otros investigadores continuaron los trabajos de Verny. David Chamberlain, Rene Van de Carr, Gabriella Ferrari o Gino Soldera desarrollaron metodologías que incorporaban los nuevos descubrimientos científicos (se ha ido comprobando que los sentidos del feto funcionan como mucha agudeza y desde muy pronto). Chamberlain enumera los tres aspectos esenciales de la paternidad prenatal:

• Alimentar un cuerpo físico sano. Los padres que esperan al nacimiento para cuidar la salud física de su hijo pueden llegar tarde. Los cimientos fisiológicos ya están construidos. La calidad de la alimentación de la madre o la presencia de sustancias tóxicas y contaminantes en el útero –desde medicamentos a drogas pasando por plaguicidas y moléculas artificiales– pueden ser decisivas para la salud física y mental del niño. Una dieta nutritiva y un estilo natural de vida garantizan que el niño no se verá expuesto a agentes peligrosos. Las dietas hipocalóricas, ya sea por razones puramente estéticas o por consejo médico, son en muchos casos una amenaza para los niños.

• Crear cimientos emocionales. Una de las grandes sorpresas sobre la vida en el útero es que el feto siente emociones y las expresa. A las diez semanas de embarazo se pueden observar gestos que revelan autocontrol, intereses y necesidades. Entre la 13 y 16 la semanas es capaz de oír las voces de los padres. A las 15 semanas reacciona a la risa de la madre. La vida uterina no tiene nada que ver con la paz oceánica que los autores clásicos imaginaban. Es un mundo en comunicación intensa con la madre y el exterior. El sistema emocional del niño se va organizando en función de estas experiencias tempranas. Si se siente rodeado de ira y miedo, se prepara para un mundo exterior dominado por esas emociones. En cambio, la creación de un vínculo afectivo positivo con la madre es una condición para que el hijo llegue a establecerlo con las demás personas, con la sociedad y con la naturaleza. El obstetra Michel Odent ha escrito sobre la conveniencia de que el hogar del futuro niño esté embargado de alegría y emociones positivas.

• Establecer una conexión rica con el niño. Antes de nacer ya puede escuchar conversaciones –cuyo tono emocional capta– y músicas que luego recuerda. Reconoce con agrado las voces de los padres y los ritmos musicales familiares, lo que le sirve para establecer los primeros vínculos emocionales con otras personas. También adquiere las bases de la lengua hablada en su idioma materno.

El doctor Yoshiharu Morimoto ha creado un programa de cuidado prenatal que ya ha demostrado su éxito con más 7.000 niños en Osaka (Japón). El objetivo principal es favorecer la creación de un vínculo con el feto que le conectará de una manera positiva con su familia y con el mundo exterior. Las madres que lo han realizado aseguran que los niños son independientes, seguros de sí mismos y equilibrados anímicamente.

• Entrenamiento autógeno. Morimoto enseña la técnica creada por Johannes Schultz. Una vez aprendida, la madre puede alcanzar un estado de relajación profunda, física y mental, muy rápidamente y siempre que lo desee. En este estado de conciencia pueden hablar con sus hijos en el útero. Luego, durante el parto, pueden utilizarla para facilitar el paso por el canal vaginal.

• Trabajo con imágenes. A través del juego con arena –o sandplay, terapia para acceder al inconsciente a través del modelado de figuras, que se utiliza especialmente con niños–, la madre crea una casa para el bebé. El ejercicio hace que la madre reviva sentimientos infantiles y provoca una empatía natural con el hijo. De manera similar, las madres pueden modelar en papel maché la cara del hijo que esperan. En muchos casos, la máscara presenta un parecido increíble con la carita que tendrá el futuro recién nacido.

• El juego de la patada. Es fascinante, sencillo y simpático. Cuando el niño da una patada espontánea, la madre palmea en el lugar donde la ha sentido, al tiempo que dice “¡dame otra patadita, cariño!”. Es un juego que divierte al niño y le vincula a la madre y al padre, que también puede participar.

• Charla con el niño. Puede realizarse en cualquier momento y lugar, siempre que haya silencio y el niño dé muestras de estar despierto. Antes de comenzar a hablar, la madre tiene que relajarse y concentrarse en el amor que siente hacia su hijo. Desde esa emoción, le habla con voz alta y clara. Por otra parte, en todos los momentos del día, las madres pueden poner especial atención en las impresiones que reciben a través de sus sentidos: lo que huelen, lo que ven, lo que tocan y lo que escuchan. Su hijo disfruta de todo ello de alguna manera.

• Escuchar música. El objetivo no debe ser sólo cultivar su inteligencia y creatividad, sino ofrecerle un mensaje de bienestar y acogimiento. Una buena idea es cantarle una canción, si es posible, creada por la madre para su niño.

Más allá de todos los ejercicios que proponen los expertos, las madres tienen un instinto para dar la bienvenida al mundo a sus hijos. Sólo deben dejar que salga a la luz. El resultado serán generaciones de seres humanos mejor preparados para una vida plena.

Fuente: Revista Integral

sábado, 19 de septiembre de 2009

¿EL MODELO DE FAMILIA TRADICIONAL ESTÁ EN DECADENCIA?


¿Los cuestionamientos que se le hacen actualmente al modelo de “familia tradicional” se producen con la intención de sostener nuevos modelos familiares -tales como la familia homoparental o la familia monoparental-, o se producen porque verdaderamente ese antiguo modelo está en decadencia? ¿Es necesario encontrar un modelo alternativo al de la “familia tradicional”?

Deborah Fleischer: No creo que haya que encontrar un modelo alternativo, sino respetar distintos estilos. En esta época donde se pone en cuestión la totalidad, es posible hacer un listado extenso y variado de estilos de vida. Al no haber familia ideal, ni ideal de buena vida, hay que tener en cuenta las transformaciones. Ciertas transformaciones se presentan como no necesariamente patológicas. Entre la postura conservadora de que la solución de los problemas familiares es un retorno a la lealtad y la autoridad, y la creencia progresista en el cambio de las costumbres como ampliación de la felicidad, existe la realidad de las disonancias efectivas. Estos estilos rompen con la idea de esencia. Hay, entonces, familias esencialmente diversas.

Mónica Coronado: Según mi criterio, los cuestionamientos a la familia tradicional emergen de su propia fractura como modelo. Con o sin una intención ulterior. Indudablemente han mutado las circunstancias históricas que la organizan como “institución” -como ha acontecido a lo largo del tiempo aunque de forma menos abrupta que en las últimas épocas- instaurando nuevas formas posibles de organización que son resistidas. Desde otra posición, algunos de estos cuestionamientos tienen un elemento invisibilizado pero muy potente, de género. Gran parte de la reciente decadencia del modelo denominado “tradicional” se produce a partir de la llamada “liberación de la mujer”. Se trata de una crisis que ha generado desestructuraciones importantes, cuyos efectos, a menudo adversos, se hacen sentir. Los roles típicamente masculinos y femeninos se desdibujan y surgen otros. Cuesta entonces encajar, esta ruptura de la familia tradicional, en una sociedad que continúa siendo patriarcal. La esperada insubordinación femenina constituyó el inicio de una crisis de los roles sexuales y por ende, de la familia tradicional. Esta crisis, constituye una urgente y necesaria invitación para repensarla, reconstruirla y diseñarla, como ha sucedido tantas veces a lo largo de la historia; ocasión para revisar compromisos y modelos de distribución de roles, responsabilidades y tareas, y, asimismo, desarrollar nuevos modos de cooperación. Indudablemente, hay muchas familias que han encontrado un modelo alternativo de familia, o que negocian diariamente para lograrlo. En este modelo mutual, que descansa sobre la noción de sistema y no de rol, que es recíproco y solidario, se redistribuye el poder y se comparte la responsabilidad.

Mercedes Minnicelli: La respuesta a esta pregunta no es tan sencilla ya que, los cuestionamientos al modelo de "familia tradicional" pueden tener diferentes vías de análisis. En primer lugar, lo que se llama "familia tradicional" conserva la impronta de las formas hegemónicas de agrupamiento familiar promovidas por los ideales de orden y progreso propios a la modernidad, conservadores de los fundamentos del Derechos Romano respecto a la paternidad y a la propiedad. Los estudios historiográficos nos enseñan que, a lo largo de los tiempos, siempre hubo "formas familiares" -concepto acuñado por el historiador argentino Ricardo Cicerchia- diversas, diferentes, alejadas de los modelos que las hegemonías de turno podrían pretender presentar como únicas y naturales. El hecho de que paulatinamente dichas formas familiares se hayan podido hacer visibles, hayan ganado aceptación y sean objeto de estudio y debate es fruto de un intenso trabajo de desmitificación producido a lo largo del siglo XX de manera prioritaria, tanto por movimientos sociales como por los estudios de las ciencias sociales que desde la década del ‘70 ubicaron a la familia y a la infancia como objeto de estudio; promoviendo -a su vez- transformaciones legislativas.

El psicoanálisis ha develado el valor formativo, para el sujeto, de los procesos identificatorios entre padres e hijos. Pero estos descubrimientos se desarrollaron en una época, la victoriana, en la que predominaba el modelo de “familia tradicional”.

¿Cómo cree que puede influir en el desarrollo socio-afectivo de un niño o joven criarse en el contexto de una familia como la actual, tan diferente a aquella, en el sentido de los valores y la moral social que la sustenta?

DF: La reina Victoria no parece haber sido una "santa", pero en esa época no predominaba lo público sobre lo privado como en la actualidad. Aparte de este dato, la diversidad señalada permite al psicoanálisis interpretar los distintos discursos sobre la familia, y romper al mismo tiempo con el anhelo academicista de las clasificaciones. En los últimos años, el matrimonio heterosexual monogámico (en la familia occidental) ha perdido el monopolio de la sexualidad legítima, y el cuidado de los hijos no ocurre siempre bajo el mismo techo. Entre los teóricos, hay coincidencia en señalar la caída del lugar del padre en la familia, sin coincidir sin embargo en sus consecuencias. Lejos de una reducción a la familia biológica: madre, padre, hijos, sostenida en el matrimonio, la familia moderna es esencialmente compleja y parece haber sufrido transformaciones en las distintas dimensiones que conforman las funciones organizativas clásicas de familia. Estas transformaciones han sido abordadas de muy distintas maneras. Frente a la plasticidad de las representaciones sociales sobre la familia, cuestionadas por algunos y avaladas por los que critican esta posición, existe un tercer abordaje, el de las transformaciones familiares, que intenta pensar márgenes más amplios para la vida de la familia moderna, sin por eso dejar de considerar que hay también patología en sus tránsitos de cambio. Tener en cuenta estos márgenes tendrá incidencias sobre la clínica. Hay que conceptualizar a la familia más allá de sus actores reales. Sucede, por ejemplo, que el psicoanalista no piensa que el genitor pueda confundirse con el padre. No hay nada menos natural que ser padre. Hay que diferenciar, entonces, las transformaciones que se operan en la familia “tipo” de los lugares comunes sobre la decadencia. En este sentido, concuerdo con Zafiropoulus (2001), quien en las conclusiones de su tesis sostiene que “No está pues confirmado que la declinación de la imagen paternal y de la familia patriarcal dé cuenta de los ‘symtômes’ de nuestra actualidad”. La “salud mental” después de Sigmund Freud, Melanie Klein y Jacques Lacan enfrenta la regla general con la particularidad del sujeto, particularidad que he llamado “lo microscópico”, particularidad que va además contra una química de la felicidad. “Entre la tautología que dice que las cosas son como son y la paradoja de afirmar que es necesario cambiarlas para que realmente sean, se establece una dinámica cuya ruptura puede llamarse síntomas” (García, 1997).

MC: El contexto histórico condiciona la producción de teoría, como también su posterior y constante revisión. Los procesos de constitución subjetiva acontecen hoy en contextos inciertos y cambiantes. La crianza de un niño o niña en una familia actual, que puede ser, por ejemplo, monoparental o ensamblada, acontece en un marco de “normalidad” (por lo menos estadística) sin referencia implícita o explícita a un deber ser al cual no responde. Es decir, el/la niño/a es criado por un grupo, su familia, que es lo que tiene y lo que conoce, familia que no se reconoce a sí misma como inadecuada, por no ser tradicional, o mucho menos “incompleta”, por no responder a un modelo; en ella, en los adultos encargados de educarlo, el niño/a o adolescente encuentra o no las referencias necesarias para su desarrollo. Los primeros años de vida y los de la adolescencia son fundantes; en estas etapas el desdibujamiento de las funciones parentales tiene efectos desestructurantes a corto, mediano y largo plazo. En este contexto, considero que lo que los niños viven como incierto o caótico es la degradación de algunas de las funciones de los adultos como tales, entre otras las parentales. ¿Quién quiere ser adulto hoy y hacerse cargo de algo? Rogoff plantea la noción de meta del desarrollo, valiosa para interpretar desde una perspectiva socio-histórica este proceso; cuando no hay un horizonte de desarrollo, una meta, -que es llegar a ser algo-, desaparecen las referencias. Hay que advertir el peso de estas referencias en la configuración de los procesos identitarios.

MM: De acuerdo a mis investigaciones, el estado actual en que se ubica a las nuevas generaciones no es causado por las transformaciones familiares sino que responde a fenómenos por demás complejos con aristas sociales que encuentran anclaje subjetivo en la tentación de alianza (por identificación) con ciertos imaginarios sugestivos y pregnantes -cada vez más hegemónicos- que entienden y sostienen que los niños "nacen niños" y "ya hechos", renunciando a lo más propio de lo humano que es el sostén de las nuevas generaciones y la educación -por la transmisión- a los nuevos integrantes. Eso no implica "adaptación" ni "acuerdo" para que las nuevas generaciones repitan el modelo anterior sino que es imperativo darles un marco de sostén necesario para que pueda ser -incluso- transgredido en la tensión intergeneracional. Niños, niñas y adolescentes, en numerosidad de casos, se encuentran a merced de la intemperie real, imaginaria y simbólica. Sin marco simbólico de referencia y sostén o, lo cual es solidario, sosteniéndose ideales e imaginarios que otorgan al niño la posibilidad de hacerse sujetos por su propia cuenta, sólo los precipitan a lo real sin velo. Al desnudo se enfrentan a la intemperie anímica, a la crueldad sin vacilación, al sinsentido que implica que como adultos podamos resultar espectadores de la escena infanticida contemporánea. Observamos "chicos sin límites", "desatentos", "hiperactivos" también en aquellas familias que ingresan en el modelo llamado tradicional, a los cuales rápidamente se los pretende dopar con psicofármacos -supuestamente legales y avalados por sectores de la comunidad científica internacional- o, ellos mismos intentan proveerse de tóxicos que, no sabiendo que los matan, se les presenta como un recurso que al menos los aleja de lo intolerable, de lo real.

Las generaciones actuales de sujetos homosexuales se han criado, en la mayoría de los casos, en familias constituidas a partir de una pareja conyugal heterosexual.
¿Por qué se les cuestiona socialmente a las parejas homosexuales la adopción de niños?

DF: La aparición en los ’80 de familias homosexuales que reclamaban sus derechos civiles trajo polémicas internas en el movimiento gay-lésbico, cuya existencia data desde hace más de veinte años. Este movimiento se caracteriza por tomar preferentemente el problema de la identidad sexual. Se les cuestiona la adopción, por la identidad sexual que pueden adquirir estos niños. La pregunta que hacen ya da una respuesta. Si no consideramos una relación directa causa efecto, la identidad sexual no se adquiere por el tipo de padres que uno tiene, sino por quien funciona para ese sujeto como modelo identificatorio y ese no es necesariamente el genitor o quien lo adopta.

MC: Porque aún persiste en gran parte del imaginario social una noción errónea de la homosexualidad como perversión, o como tolerada y vistosa excentricidad (un claro aporte de la sociedad del espectáculo). Se advierte no sólo la ausencia de un debate al respecto, sino también y muy nítidamente, la escasa información, clara y genuina, que circula sobre el tema. Es evidente que, al no manejarse socialmente un conocimiento mínimo y consistente sobre la homosexualidad, la gente se vale de estereotipos y prejuicios para interpretarla. Y, cabe señalar que si bien se han reducido en la actualidad algunas prácticas discriminatorias, persisten otras, muy difíciles de remover. La peor de ellas es negar al homosexual su dignidad como persona, y con ella la capacidad de amar y de comprometerse.

MM: Cada época determina sus valores morales hegemónicos y sus posibilidades de transformación. Lo cual implica que lo que se presenta como "sagrado" pueda ser "profanado". En otros tiempos, el nacimiento de hijos por fuera del matrimonio, los convertía en "hijos naturales" o "bastardos"... A mi entender, es absolutamente prejuicioso y alejado de cualquier lectura psicoanalítica que se precie de ser tal, asignar benevolencia al modelo de familia tradicional y demonizar a otras formas familiares. Hay familias y familias. Cualquier causalidad directa -si A entonces B- no responde a lo que el psicoanálisis propone. No existe relación de causalidad directa entre pareja conyugal heterosexual e hijos heterosexuales u homosexuales. Hecha esta salvedad, es indudable e indiscutible que las experiencias vividas hacen a la escritura biográfica bajo influencia del discurso y las contingencias sociales, pero no hay determinismo ni causalidad directa alguna sino aquella establecida por ciertas teorías y ciertos profesionales que ganaron buena prensa al hacerse solidarios de los prejuicios.

¿Es una posición posmoderna -en el sentido de la caída de los ideales del humanismo- decir que no sirve más el modelo en el que la autoridad la ejercía el varón y el lugar de la mujer estaba más relegado a las tareas de la casa y a los hijos? ¿Cree usted que es necesario, a la luz de los desequilibrios que viven los niños y los jóvenes de hoy, volver a ciertos parámetros más tradicionales en cuanto a la distribución de roles parentales?

DF: Considero que mis respuestas anteriores contestan esta pregunta. Aun así, el psicoanálisis hace una lista de cuidados, sin poner en cuestión los estilos de vida. Entre esos cuidados situamos detener el desmantelamiento de los derechos paternos, la reflexión sobre qué quiere decir tener derecho a un hijo como algo suficiente para aceptar por ejemplo, una procreación asistida, donde el padre sea la ciencia. No se trata del universal ni del imperio de la nada. Se trata de un cálculo colectivo. No es la vía de la nostalgia, ni la del “todo vale”. Es saber lo que fue para cada uno su padre, es decir, tener en cuenta la familia en el inconsciente. En resumen, la cuestión de la familia y sus transformaciones es demasiado compleja e importante como para que no se la aborde desde distintas disciplinas. Las variables subjetivas pueden llevar a los estudiosos de la familia a olvidar que lo subjetivo tiene invariantes, es decir que los cambios de la historia inciden, pero sólo a través del prisma de posiciones subjetivas cuyo número y dinámica no son infinitos. No se trata de algo que se puede regular desde la "prevención", sino desde el deseo. El reconocimiento de nuevas formas de convivencia, y de las transformaciones que conllevan, están lejos de una destitución de los marcos diagnósticos y de la psicopatología que las precede y por el contrario amplía las perspectivas del analista que deberá separar, para no caer en impasses, lo que es transformación de lo que es síntoma.

MC: El discurso posmoderno intenta dar cuenta de la disolución de ideas que fueron directrices en la modernidad, asimismo de la incertidumbre, fragmentación y de la disolución del sujeto generalizando sus efectos devastadores e ignorando algunas conquistas en términos de derechos y libertades, como también el reconocimiento del pluralismo y la diversidad de perspectivas y estilos de vida. Para el logro de un precario equilibrio en este contexto se requiere identificar algunos límites, como así también reconocer las fragilidades que impregnan hoy las relaciones intersubjetivas. En el origen de la nueva familias hay padres muy diversos, algunos de ellos lo son para no privarse del placer de tener hijos, por eso tardan en asumir todo lo que implica, en términos de costos personales, cuidarlos y educarlos, sobre todo en una sociedad, que, como indica Lipovetsky (1994) encuentra sumamente escandaloso no querer a los hijos poniendo coto a “la carrera individualista narcisista”. No se puede volver el tiempo atrás, sobre todo en lo que se refiere al rol de la mujer en la sociedad. Tampoco se puede pretender instaurar nuevamente inequidades históricas en el seno familiar, porque se reproducen en el más amplio contexto social. La redistribución de espacios de participación social, cultural y laboral, significan para algunos sectores, importantes pérdidas de tradiciones que, para otros, resulta preciso asumir como promisorios signos de los tiempos. Esta asunción implica, para la construcción de una familia sana, negociaciones y colaboraciones; mutualidad y reciprocidad, en fin, la base de un espacio social justo. Creo que, más que a la mentada crisis de la familia, los desequilibrios que experimentan niños, niñas y adolescentes obedecen a diversos factores. Las múltiples y conjugadas ruptura sociales (políticas, económicas, etc.) perturban los procesos de crianza. Pero, un factor que, por lo menos desde mi análisis resulta decisivo, tiene que ver con la ya mencionada crisis de los adultos. La imposibilidad de los adultos para asumirse como padres; ésta se constituye como imposibilidad de configuración de la infancia y la adolescencia. No se trata entonces de roles de género o familiares, sino, digamos que etáreos o generacionales. Indudablemente hay ciertos parámetros de presencia fundantes para la crianza que deberían constituirse en el entorno familiar, tales como la estructuración de espacios y tiempos, de hábitos, el establecimiento de límites flexibles, el desarrollo de la tolerancia a la frustración, el aprendizaje del diferimiento de la gratificación y otros, que no dependen de si la familia es nuclear y tradicional o no, sino de que los padres (padre-madre, ambos, y/o cuidador/es responsable/es), figuras centrales como educadores en la constelación familiar, los hayan logrado aunque sea mínimamente en sí. Padres inmaduros o adolescentes, resultan poco capaces de asumir los compromisos y responsabilidades que exige educar a las nuevas generaciones. El individualismo, y con el, el repudio a cualquier “sacrificio”, a la autoridad y a la aceptación de límites, indudablemente impactan en los procesos de crianza.

MM: Primero tendríamos que definir posmodernidad y "posición posmoderna", no comparto la tendencia a enunciar el "fin" de las ideologías, de dios o de la infancia. Los discursos que se ubican "posmodernos" no analizan los efectos de discurso que generan. De acuerdo a mis investigaciones, no se trata de ningún fin sino de desplazamientos cuando, lo que antes era asignado como lugar de dios, luego pasó a ser morada del hombre para ser ocupado hoy por el tan mentado mercado que opera sigiloso en las sombras. Lo cual, para sólidas líneas de investigación filosófica contemporánea, resulta la muestra del apogeo del proyecto moderno. No es posible volver al pasado, y mejor que no lo sea ya que debemos considerar el valor de la visibilidad de aquello oculto y silenciado, para tratar de encontrar posibilidades de hacer ante lo que se presenta como inexorable destino, algo diferente. En Infancias Públicas. No hay Derecho (2004) expuse cómo se fue configurando el lugar de las nuevas generaciones desde principios de siglo XX para aquellos que no ingresaban en el "modelo" de familia y de escuela y cómo el sistema les garantizaba el encierro en el intrincado laberinto de la minoridad. Respecto a la segunda parte de su pregunta, las historias singulares nos hablan de biografías con guiones tramados en formas familiares diferentes, en tramas argumentativas distintas; a pesar de que puedan haber sido compartidas con otros ya que cada uno aportará su propio modo de contarla. Estimo que lo más significativo no pasa por la distribución de roles parentales sino por revisar seriamente el lugar que se le otorga a las nuevas generaciones cuando la tolerancia al infanticidio se hace por demás patética. No hace falta señalar los datos estadísticos, basta la mera observación de escuelas, plazas, clubes de barrio deteriorados y/o inexistentes, lugares de socialización y educación que permiten que la vida no quede encerrada de modo exclusivo en lo familiar, sino que se nutra de otros vínculos, otros lazos sociales, otros aportes, intercambios, producción y transmisión de bienes culturales.

Reflexiones finales

DF: Pondría en cuestión el tema de los "adultos" que propone la Lic. Coronado, porque la idea que tengo es que el sujeto no tiene edad. Es decir que por ejemplo, con relación a la adolescencia ubicamos dos momentos: la entrada, pubertad, y la salida, más difícil de situar y más ligada a un sistema simbólico determinado, sistema que establece cuándo un sujeto debe acceder a ciertos lugares, a ciertas responsabilidades. Ubicar la salida tiene el riesgo de caer en una norma que diga qué es lo que se espera, y por lo tanto no es ajeno a ideales compartidos, lo que conlleva el peligro que anticipé en el apartado anterior: la homogeneización o la universalización. Puede además conducir a pensar la adolescencia “evolutivamente” y a adjuntarle términos superadores: la adultez o la maduración. Estos términos son cuestionados por el psicoanálisis justamente porque tienen como meta la adaptación, sin preguntarse por lo particular del sujeto. Anticipadas estas reservas prosigo. En los años 60 y 70, los padres lamentaban que sus hijos se fueran a vivir solos alrededor de los 22 años. Estos padres recordaban que ellos salían del hogar paterno a esa edad, pero casados. Hoy, en los sectores sociales de la clase media no son pocos los padres que se preguntan cuándo se irán estos hijos dependientes que, pasados los 30, siguen viviendo en casa, con apariencia de adultos y comportamientos adolescentes. En esos sectores, la entrada en la vida adulta está marcada por una serie de pasajes. Del estudio al trabajo, del hogar paterno al conyugal, del status de hijo/a al de progenitor. Los sociólogos explican en parte esta cuestión por el desempleo. Así Catalina Wainerman (1997), investigadora del Conicet, informa que en el área metropolitana de Buenos Aires las estadísticas muestran cómo el desempleo se sextuplicó entre 1980 y 1995 para quienes cuentan de 15 a 19 años (del 6,8% al 41,8%). Otro sociólogo, Eliseo Verón, hace una lectura diferente. Dice que los adolescentes actuales son demasiado adultos para ser jóvenes. Conviven con sus padres bajo el mismo techo sin tener problemas, dado que consideran que no hay más conflictos en la familia. Hay una especie de cordialidad, una distancia mitigada. Indicará que la cultura joven pierde especificidad. Por ejemplo, un joven sin trabajo se sentirá más identificado con otro desempleado de cualquier edad que con otro joven de su edad que está cursando materias en la universidad. Señalará que para la mayoría de los adolescentes actuales sus esperanzas son exclusivamente personales. Anthony Giddens (1995) afirma que sólo durante la pasada generación, asumir el propio destino, pasaje de la adolescencia a la adultez, ha significado abandonar la casa paterna. En períodos anteriores, sobre todo para todas las mujeres, salvo una pequeña proporción, dejar la casa ha significado casarse. Habría una búsqueda que no es pasiva. No se trata ya de “esperar al príncipe azul”. No existe ya la lucha por la “libertad sexual”. Se constata el choque entre el amor romántico y el modelo de las relaciones informales. Frente al amor “para siempre” nos encontramos con la sociedad de las separaciones y los divorcios, en los que quizás se esconde, como dice este autor, el ideal de encontrar una persona “especial”. Pero estas ¿no son sólo descripciones? ¿Qué otros factores intervienen para establecer el límite de este período llamado adolescencia? ¿Coincidimos con que el pasaje de “adolescente” a “adulto” está dado por alguno de los parámetros antes mencionados? Aclaremos que biológicamente este tiempo no se ha extendido. La medicina sitúa la adolescencia en el período comprendido entre la irrupción de la pubertad, con los cambios hormonales que conlleva, y la detención del crecimiento determinada por la hormona del mismo nombre, lo que ocurre aproximadamente a los 20 años. Podemos introducir otro parámetro: la relación con el dinero, significante que barre todas las significaciones, y, en tanto tal, ligado a ambos espacios, que sabemos hay que pensar en una dimensión éxtima (neologismo acuñado por Lacan para indicar ni exterior ni interior). En un sentido: ecuación simbólica para Freud con pene, heces, regalo, niño. En otros: dinero como sustituto del amor y dinero con el que se paga cuando no se quiere pagar con “especias”. Dinero que se necesita para salir de la familia y que por lo tanto anuda el espacio familiar con el espacio social. Dinero que le permite consumir, en el momento en que aún no produce. Hablemos ahora de las identificaciones. En la clínica psicoanalítica se afirma que el llamado adolescente se encuentra con una crisis de identificaciones. ¿Cómo se sale de ese infierno? ¿Cómo se dice de a uno en relación con la masa? ¿Cómo se dice de a uno en relación con lo familiar? Más allá de la estructura en juego, se trata del encuentro con el goce en su disyución: posible/imposible. Se trata de la soledad del sujeto frente a las circunstancias del cuerpo propio y del partenaire. Lacan indicará que el adolescente moderno está marcado por dos afectos, el aburrimiento y la morosidad. Ambos ligados a la reducción del Otro al semejante (Otro como diferente, mientras semejante remite a lo especular, a lo no diferente a uno mismo). Rasgos diferentes a los que adjudica al joven Goethe, adolescente del siglo pasado, en “El mito individual del neurótico” (1991b), donde escribirá: “No sin razón Goethe, entonces en toda la infatuación de la adolescencia conquistadora...”. A su vez, Goethe define a la juventud como embriaguez sin vino. Pero ¿son el aburrimiento y la morosidad estados propios del llamado adolescente? ¿Lo son la infatuación y la conquista? ¿Lo es la sensación de embriaguez? Si tenemos en cuenta el discurso actual, era del vacío y de lo efímero, puedo contestar: no necesariamente. Marcelo Esses (1992) sostiene que el ideal del yo social ofertado a los jóvenes contemporáneos queda delimitado como un salto al vacío, generando una masificante y condensada búsqueda de sus marcas a través de los objetos de goce social del mercado y de un atrincherado repliegue al yo ideal en el resguardo de las figuras del consumidor y el espectador. Describe un vacío y goce de la privación que vienen a ocupar el lugar de la relación del sujeto con su deseo, patologías en tanto generadoras de campos de condensación de goce en su ensamblaje de objetos de la pulsión con objetos de goce social. Nombrará así el goce de la a-patía, a-bulia, a-norexia, a-nomia, poniéndolas a cuenta del res-guardo del padre imaginario. Si consideramos la posición de Esses, la adolescencia sería el tiempo de la búsqueda de marcas diferenciales, búsquedas que permitirían cumplir el anhelo de ir más allá del padre y de lo instituido por el Otro social y familiar. Pero al ubicar esa búsqueda en un tiempo, se introduce un límite que sitúa un adolescente ideal, nuevamente universal. Queda por preguntarse si se puede llamar adolescencia al recorrido para al-canzar ese punto de viraje dentro de la estructura, cualquiera sea la edad del sujeto que intenta este giro, diferenciando de esta forma el momento de entrada, la pubertad (polémica también porque obliga a revisar la idea de infancia), del resto del recorrido.

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